Rituels D' Orient. Un oasis en el centro de Barcelona

by - noviembre 19, 2012

 

 .......................... o yo quiero ser  Sherezade.


Permitidme que os cuente un cuento.  Un cuento donde la protagonista soy yo y espero que pronto lo seas tú.




Hace unos dias tuve la inmensa suerte de poder acudir al Hamman-Spa Rituels d'Orient, en Barcelona. Desde fuera se observa una pequeña tiendecita de inspiración árabe y cálidamente iluminada.


Una vez dentro, sus envases, jabones, inciensos están   bellamente expuestos.  Al fondo detrás del mostrador se deja entrever una gran cortina. Cuando la ves no puedes evitar preguntarte inmediatamente qué tesoros se esconden tras de ella.

Cuando la franqueas, un suave aroma a eucalipto te envuelve y  accedes a un pequeño vestuario, cálido, íntimo y mimado. Allí una vez cambiada te enrollas en un pareo y te envuelves en un suave albornoz para salir y bajar a unas escaleras que esta vez sí, te conducen al placer: El Hamman.

Antes de entrar al Hamman te dan una serie de indicaciones, de las cuales la más importante es: déjate llevar y haz lo que te pida el cuerpo. Y una vez pasa la puerta, eso es lo que empiezas a hacer.



Una ducha, una pequeña piscina y unos cómodos bancos de piedra componen la Sala Templada (A 37ºC y 80% de humedad) La luz indirecta, el calor, y el sonido del fluir del agua de un pequeño grifo que alimenta la piscina, rápidamente te transportan a un estado de relajación y bienestar perfectos. 





Al fondo la Sala Caliente (de 46 ºC, 100% de humedad)  limpia tu cuerpo de toxinas, mientras que en los Bancos de mármol la especialista te lava con jabón negro, hecho a base de olivas negras y eucalipto,  y te exfolia el cuerpo con un guante de kessa. La sensación es fantástica, es como si te sacaran con ello todos los "malos rollos", las preocupaciones, los problemas... 

Y cuando piensas que ya está, que ya ha acabado el placer,  te devuelven a la primera planta, a una cabina donde te tumbas ya casi totalmente relajada. Ahí, entre aceites (en mi caso de azahar) te masajean todo el cuerpo, con un masaje relajante que además te deja la piel superhidratada.

Finalmente te conducen a una sala de descanso, llena de sofás y cojines de colores, con luces tenues e íntimas, donde te ofrecen un buenísimo té árabe de menta y una pastita pica de miel, almendras y sésamo. 

Sólo tiene una pega: tarde o temprano vuelves a la realidad, y una vez fuera en la gran ciudad te das cuenta de una cosa: Yo de mayor quiero ser Sherezade.





  
No hace falta que os diga que yo he salido encantada del lugar y con ganas de repetir muchas veces más. El sitio es hermoso y los que allí trabajan te tratan de lujo. Te sientes realmente como una princesa de castillo árabe en medio de un oasis. No hay sensación de tiempo ya que nada te orienta, ni relojes, ni ventanas,.... Es más que un Spa. Tal vez no tenga piscinas de chorros ni duchas de colores, pero tiene algo mucho mejor para mí: intimidad. Solo está permitido que haya 8 personas en las instalaciones a la vez, si hay un grupo de más cierra el local para ellos, con tal de preservar esa paz y tranquilidad que se respira.  

A mí me tiene completamente seducida .... ¿Te dejarías seducir tú?

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